Resultados de la búsqueda
Resultados encontrados sin ingresar un término de búsqueda
Entradas del blog (46)
- La importancia de enseñar a ser feliz
Los comportamientos generosos se asocian con —y a menudo causan directamente— un mayor bienestar entre quienes donan en todo el mundo. WHR, 2025, pág. 14. Hace unos días, a propósito de celebrar el Día Mundial de la Felicidad, quería escribir este artículo. Me parecía importante reflexionar sobre cómo la educación puede ayudarnos a construir sociedades más justas y felices. Me parecía muy relevante hablar sobre la importancia de enseñar a ser feliz. Sin embargo, como suele suceder, los días transcurrieron entre reuniones, clases y compromisos, y recién hoy logro sentarme a escribir estas líneas. Tal vez el mensaje de este artículo sea justamente ese: necesitamos más espacios para pensar en la felicidad, no solo como un objetivo personal, sino como una meta social en la que la educación juega un papel central. El Informe Mundial de la Felicidad 2025 Desde 2012, el Informe Mundial de la Felicidad (World Happiness Report) se ha convertido en una referencia fundamental para comprender qué hace felices a las personas y cómo podemos construir sociedades más equitativas y prósperas. Este informe, elaborado por la Universidad de Oxford en colaboración con Gallup y el Sustainable Development Solutions Network de la ONU, analiza diversos factores que impactan en la percepción de bienestar de las personas, como el nivel de ingresos, la calidad de las relaciones sociales, la confianza en las instituciones y la solidaridad comunitaria. Según este informe, los 10 países más felices del mundo, en orden, son: Finlandia, Dinamarca, Islandia, Suecia, Países Bajos, Costa Rica, Noruega, Israel, Luxemburgo y México. Para los investigadores sociales y los docentes, este informe es una herramienta valiosa. Nos permite entender cómo las condiciones estructurales influyen en la felicidad y, más importante aún, cómo podemos transformar la educación para que nuestros estudiantes no solo adquieran conocimientos, sino que también desarrollen habilidades y actitudes que les permitan vivir vidas más plenas y significativas. Principales conclusiones del 2025 El Informe Mundial de la Felicidad 2025 revela datos interesantes sobre América Latina. Si bien los países nórdicos siguen liderando la lista de los más felices del mundo, algunos países latinoamericanos presentan mejoras significativas en la percepción de bienestar. Las investigaciones demuestran que los beneficios de los actos benéficos dependen de por qué y cómo las personas hacen cosas por los demás. Tanto quienes ayudan como quienes reciben, experimentan una mayor felicidad al cuidar y compartir en el contexto de las tres C: Conexiones afectivas, Elección e Impacto positivo claro. ( caring connections , choice , and clear positive impact ) En 2024, la ayuda a desconocidos se mantiene significativamente más alta que en 2017-19 en todas las regiones del mundo, con un promedio global del 18 %. Esperar amabilidad de los demás es un predictor más sólido de felicidad que los daños importantes, reales o esperados. Las personas son demasiado pesimistas sobre la generosidad de sus comunidades. La justicia y la amabilidad esperadas reducen la desigualdad en la felicidad y aumentan los beneficios de la confianza y las conexiones sociales En el caso de Perú (Lugar 65 de 147), el informe señala que la percepción de felicidad ha mejorado levemente en comparación con años anteriores, aunque sigue habiendo una brecha importante entre sectores urbanos y rurales. En 2024, solo el 55% de los peruanos afirmó confiar en sus vecinos, mientras que en 2025 esta cifra aumentó al 60%, lo que sugiere un leve fortalecimiento de los lazos comunitarios. El estudio resalta que la desigualdad social, la informalidad laboral y la falta de oportunidades en algunos sectores son factores que inciden negativamente en la felicidad Chile, por otro lado, se encuentra en una situación particular. Aunque su PIB per cápita es de los más altos de la región, el informe destaca que los niveles de confianza en las instituciones han disminuido en un 12% en los últimos cinco años. Esto ha tenido un impacto directo en la felicidad de los ciudadanos, pues la confianza es uno de los principales factores que contribuyen al bienestar social. Colombia muestra un caso interesante de resiliencia. A pesar de los desafíos socioeconómicos, el informe destaca que la percepción de felicidad ha aumentado en comunidades que han desarrollado proyectos de cohesión social y participación ciudadana. Un dato relevante es que el 73% de los colombianos encuestados afirmó haber participado en algún acto de voluntariado en el último año, lo que refuerza la idea de que la solidaridad y el apoyo mutuo son claves para la felicidad colectiva. Estos datos refuerzan la idea de que la felicidad no depende únicamente del crecimiento económico, sino también de la calidad de nuestras relaciones y de la confianza que depositamos en los demás. La importancia de enseñar la felicidad Si la felicidad depende en gran parte de la calidad de nuestras relaciones y de la confianza en la comunidad, la escuela debe jugar un papel activo en su desarrollo. Aquí es donde el Aprendizaje Basado en Proyectos (AbP) y el Aprendizaje-Servicio (ApS) específicamente cobran especial relevancia. El AbP permite a los estudiantes abordar problemas reales mediante el trabajo cooperativo, promoviendo un sentido de propósito y pertenencia. Proyectos en los que los estudiantes investigan problemas locales, como la contaminación en su comunidad o la seguridad vial, no solo les enseñan habilidades académicas, sino que también fortalecen su sentido de agencia y confianza en que pueden transformar su entorno. Como bien señala el informe, "la confianza en los demás y la participación activa en la comunidad son predictores sólidos de felicidad". El Aprendizaje-Servicio, lleva este enfoque un paso más allá al integrar el servicio comunitario en la experiencia de aprendizaje. Cuando los estudiantes participan en actividades solidarias, como la creación de bibliotecas comunitarias o el apoyo a poblaciones vulnerables, experimentan de primera mano cómo sus acciones pueden generar bienestar en los demás y, al mismo tiempo, en ellos mismos. El informe subraya que "los actos de benevolencia no solo mejoran la felicidad de los receptores, sino también la de quienes los realizan". En este sentido, la educación tiene el potencial de convertirse en una herramienta transformadora para la felicidad social . No se trata solo de preparar a los estudiantes para el mundo laboral, sino de formar ciudadanos que valoren la cooperación, la solidaridad y la empatía como pilares fundamentales de una sociedad más justa y equitativa. Hoy, al fin, este artículo ve la luz. Y mientras lo escribo, desarrollo la convicción de que la felicidad no es un concepto abstracto ni un ideal inalcanzable. Está en las pequeñas interacciones cotidianas, en la confianza que depositamos en los demás y en la forma en que decidimos enseñar y aprender. La felicidad (expresada en la acción de darse a los otros) puede enseñarse, por lo tanto el aula es el mejor lugar para empezar.
- Cuidado parental en el uso de las redes sociales
Las familias pueden asumir un mayor protagonismo en la interacción de sus hijos en las redes sociales Cuidado parental en el uso de las redes sociales Las redes sociales han cambiado la forma en que nos comunicamos, trabajamos y nos entretenemos. Sin embargo, para los padres, representan un desafío complejo: ¿cómo nuestros hijos pueden participar en el mundo digital sin que se vean sobreexpuestos a sus riesgos? El pasado viernes, tuve la oportunidad de hablarle a los padres de familia de una escuela sobre el cuidado parental en entornos virtuales. El enfoque que se esperaba de mí, era que enfocara mi participación hacia las estrategias para restringir lo más posible el acceso de los niños y adolescentes a las redes sociales. También era esperado que comentara algunas aplicaciones que ayuden a los padres a localizar a sus hijos (a través de sus celulares) y a controlar/vetar los accesos a páginas, informaciones y aplicaciones en el celular. Evidentemente hay sitios de internet que no deben ser revisados por los menores de edad, así que el cuidado parental en el uso de las redes sociales no está en tela de juicio. Aplicaciones como Family Link de Google, el programa Microsoft Family Safety ; el programa Qustodio y NetNanny son algunos de los medios en que podemos tener un mayor control de lo que ocurre en el entorno virtual familiar. Restringir el límite de tiempo de pantalla y la contraseña del wi-fi (o apagar el router en todo caso) son mecanismos igualmente fáciles de implementar. En cualquier caso, mi propuesta fue más allá, gracias al método P+DC que les presenté ese día. El método P+D&AC propone una solución equilibrada basada en tres pilares fundamentales en relación a las familias: Posponer lo más posible (P), Diálogo & Acuerdos (D&A) y Conexión personal (C). Su implementación permite a los niños y adolescentes desarrollar una relación saludable con la tecnología sin caer en la dependencia o el uso irresponsable, minimizando los riesgos y la sobreexposición. Posponer lo más posible (P) El acceso temprano a las redes sociales puede afectar el desarrollo emocional y cognitivo de los niños. Investigaciones han demostrado que el uso excesivo de pantallas puede influir en la atención, la autoestima y la interacción social fuera del ámbito digital. Por ello, una de las claves del método P+DC es retrasar el uso de redes hasta que los niños tengan una mayor madurez emocional. Esto no significa negar el acceso de manera arbitraria, sino preparar el terreno para un uso responsable y progresivo. Como parte de esta iniciativa, se debe potenciar el espacio para fomentar actividades junto a los hijos... Lo que siempre se ha denominado tiempo de calidad con tus hijos. La idea general es fomentar actividades individuales como la lectura, el juego al aire libre y la exploración de intereses, así como excursiones, paseos familiares. En resumen, modelar una vida sin pantallas. Ello también requiere un análisis en función a qué mecanismos activamos para poder localizar y comunicarnos con nuestros hijos. Muchos padres consideran ofrecer el celular a sus menores hijos porque "tienen que estar conectados". ¡Y eso es válido! La sugerencia es validar alternativas que mantengan al uso de los dispositivos tecnológicos como última opción. Diálogo & Acuerdos (D) Un paso previo, a permitir el acceso a los dispositivos tecnológicos tiene que ver con el diálogo abierto con los niños y adolescentes. ¿Qué dispositivo requerimos para la necesidad identificada? Lo más sencillo es comprar el celular que está de moda, o el primero que nos pitchan de publicidad, pero ¿Es suficiente para atender la necesidad que tenemos, o podría crearnos otro problema? En mi experiencia acompañando familias desde el ámbito tecnológico, un celular no es sólo un dispositivo; es también un signo de estatus, como puede serlo una buena conexión de datos... ¿Pero, realmente es lo que se necesita? Identificar las necesidades reales y conversar sobre el proceso de decisión ayuda a los hijos a empoderarse respecto a sus primeras interacciones con los dispositivos tecnológicos. Cuando finalmente los niños acceden al celular, se les entrega también las llaves a un sinnúmero de aplicaciones y páginas webs que nadie les ha enseñado a usar. Así, sus primeras exploraciones y aprendizajes son empíricos, sin supervisión y sin retroalimentación. La supervisión no debe limitarse a la imposición de reglas. Es imprescindible generar un diálogo abierto sobre lo que implica navegar en estos entornos. Hablar sobre seguridad digital, privacidad, el impacto del contenido y los riesgos del ciberacoso ayuda a los niños a desarrollar un pensamiento crítico ante lo que consumen y comparten en línea. El diálogo debe incorporar el acceso significativo a todo este mundo tecnológico y a una comprensión cada vez mayor de lo que significan palabras como privacidad, cookies, phishing, vishing, smishing, pharming, whaling y spoofing, entre otras. Aquí es muy importante la formación que posean padres y maestros respecto a la ciudadanía digital y la interacción en entornos virtuales generados por las TIC. El diálogo debe ir acompañado de normas claras y consistentes. Establecer tiempos de conexión, evitar el uso de dispositivos durante las comidas y promover espacios libres de pantallas son medidas efectivas. Sin embargo, la disciplina no debe ser una imposición unilateral, sino un acuerdo construido en familia que permita que el niño comprenda las razones detrás de cada límite. Ello se traduce en normas de convivencia que sean coherentes, razonables y compartidas. Un apartado aquí (muy relevante) es hablar de las consecuencias que se desprenden de un incumplimiento de las normas de convivencia. La reacción obvia de algunos padres, cuando descubren una transgresión es quitar el celular al niño, por un tiempo "prudencial". No hay nada más ilógico. Anteriormente hemos mencionado que es un requisito indispensable conversar sobre las necesidades e identificar mecanismos alternativos a la comunicación o localización antes de ofrecer un dispositivo tecnológico. Al encontrarse un comportamiento disruptivo retirar el acceso al dispositivo no resuelve el problema que llevó a ofrecer el celular y en consecuencia, más pronto que tarde el dispositivo será devuelto al transgresor, quien percibe la devolución como un pequeño triunfo, sino como una validación tácita de su mal comportamiento. Y nadie aprendió nada en ese contexto. Las consecuencias deben ser obvias (previamente conversadas) y muy razonables. Aquí es donde se deben considerar mecanismos de control parental que pueden ir desde la suspensión de las cuentas sociales hasta la consideración de utilizar el dispositivo siempre en presencia de otro adulto significativo. Conexión personal (C) El desafío más grande para las familias es mantener la conexión, a pesar de los entornos virtuales. Los seres humanos siempre tendremos la necesidad de conectar con los otros, y eso no va a cambiar. Quizá la paradoja puede enunciarse en relación a cómo es posible que la era digital acerque a las personas que están más lejanas (e incluso reemplacen la interacción cara a cara) y cuenten con el potencial de alejar a las personas que están más próximas. Para evitarlo, es fundamental que los padres prioricen la conexión emocional con sus hijos. Compartir tiempo de calidad sin pantallas, realizar actividades en conjunto y fortalecer el vínculo afectivo son estrategias clave para que los niños no sientan que su única forma de socializar está en lo digital. Esto significa hacer cosas juntos en las redes sociales e interactuar en diversos entornos digitales. Otra sugerencia es conocer las redes sociales en las que se desenvuelven todos (padres e hijos) y seguirse mutuamente. Cuando existe una conexión fuerte entre padres e hijos (Online y Offline), es más fácil generar confianza para hablar de cualquier problema que puedan enfrentar en el mundo digital, como la presión social en línea, el consumo de contenido dañino o el uso excesivo de redes. Ello significa también comprender cómo nos relacionamos cada uno de nosotros con nuestra identidad virtual (esa imagen que proyectamos a los demás en las redes sociales) y cómo se describe la calidad de las interacciones que tenemos en esos entornos virtuales. La conexión (más allá de si es en entornos virtuales o presenciales) es el eje del control parental. Ello debe traducirse en desarrollar de forma conjunta alternativas a la interacción en redes sociales con actividades igualmente significativas en forma conjunta y juntarse en comunidades que tengan los mismos intereses y preocupaciones. Varias experiencias de desintoxicación digital se hacen cada vez más populares y llegan incluso a convertirse en propuesta turística en determinados casos. Conclusiones El método P+D&AC no busca prohibir ni controlar excesivamente, sino acompañar y educar. Cada familia puede realizar los ajustes pertinentes según la edad, madurez y necesidades de sus hijos; y validar los diversos mecanismos aquí planteados a partir de su propia experiencia y contexto. Lo importante es no dejar que la tecnología reemplace la crianza, sino convertirla en una herramienta de aprendizaje y crecimiento. La escuela juega un papel fundamental en la promoción de estos comportamientos "saludables" y, en consecuencia, las familias deberían aliarse por una educación en ciudadanía digital en conjunto con maestros y directivos. En un mundo donde la digitalización avanza sin pausa, es nuestra responsabilidad formar ciudadanos digitales responsables, capaces de disfrutar de la tecnología sin depender de ella. Con el método P+D&AC, padres y educadores tienen una guía clara para lograrlo.
- Ya inventaron la máquina del tiempo... Se llama retroalimentación
La máquina del tiempo, película basada en la novela homónima de H. G. Wells estrenada en 1960 Imagínate que pudieras regresar el tiemp o atrás... ¿Cambiarías alguna decisión, alguna acción? Desde hace mucho tiempo el ser humano ha fantaseado con la idea de tener un dispositivo que le permita sortear los límites del tiempo y el espacio, a veces con intención turística, y otras veces, con actitud reivindicadora. Definitivamente en el campo de la ciencia ficción, y casi siempre hacia el pasado el viaje en el tiempo es una fantasía recurrente en la literatura y el cine... ¿Y si pudiera hacerse realidad? En contextos educacionales, ya inventaron la máquina del tiempo... Se llama retroalimentación. La re troalimentación es una fórmula que permite revisitar el pasado - o lo que es lo mismo-, las formas pretéritas de la acción anagnógica ante los desafíos diversos enfrentados - léase las situaciones significativas-. Visto así, la retroalimentación se convierte en un espacio de reflexión y diálogo sobre su desempeño, con la finalidad de establecer objetivos y plantearse acciones orientadas a la mejora de su competencia. La retroalimentación permite una comprensión (presente) de aquellas fortalezas y áreas de mejora del sujeto que aprende, en el contexto en que fue desafiado (en el pasado) a movilizarse para resolver un problema. En este escenario enmarcado por el sujeto frente a su evidencia... y frente a sus actuaciones (pretéritas) que le llevaron a construir su evidencia, la retroalimentación permite dibujar el mapa de lo actuado, para identificar aspectos que requieran mejoras frente a la acción futura en contextos de desafío similares; de la misma manera que proporcionan al docente información valiosa que permite realizar ajustes en el proceso (futuro) de enseñanza y aprendizaje. Siguiendo a los tres tipos de retroalimentación Hattie (2007) establece tres escenarios de reflexión pedagógica: el feed up, el feedback y el feedforward. Si lo pensamos en términos temporales, el feed up garantiza que el estudiante comprenda la naturaleza del desafío, desde el momento en que se socializa con el grupo de estudiantes, lo que permite una comprensión amplia sobre la naturaleza del reto y la evocación oportuna de las actuaciones que habrían tenido lugar ante retos similares. En palabras de Hattie, " When goals have appropriate challenge and teachers and students are committed to these goals, a clearer understanding of the criteria for success is likely to be shared .” (2007, p. 89). Esta reflexión primera, antes de la acción del aprendizaje, constituye acción anagnógica (de anagnórisis en el sentido en el cuál el sujeto reconfigura y asimila el conocimiento en su experiencia de aprendizaje) Si nos movemos en la línea de tiempo, el sujeto ahora si enfrentado ante el reto de construir una solución al problema presentado, requiere igualmente un acompañamiento orientado a la mejora de su desempeño: “Answering this question involves a teacher (or peer, task, or self) providing information relative to a task or performance goal, often in relation to some expected standard, to prior performance, and/or to success or failure on a specific part of the task.” (Hattie & Timperley, 2007, p. 89). Aquí la retroalimentación debe ser proporcionada lo antes posible, durante y después que se complete la tarea, lo que permite al estudiante transformar su experiencia en futuras actuaciones en que tenga que movilizar las mismas competencias, o se enfrente a retos similares. Para terminar esta reflexión que se aleja de la ciencia ficción, para tomar lugar en medio de la acción pedagógica el feed forward está orientado a establecer los próximos pasos que debería asumir el sujeto frente a nuevos retos, y nuevos contextos: "These may include enhanced challenges, more self-regulation over the learning process, greater fluency and automaticity, more strategies and processes to work on the tasks, deeper understanding, and more information about what is and what is not understood. This feed-forward question can have some of the most powerful impacts on learning. (Hattie & Timperley, 2007, p. 90) La retroalimentación involucra a los estudiantes en su propio proceso de aprendizaje: los hace protagonistas. Ahí radica su potencial dentro del enfoque formativo de la evaluación. Ello significa para docentes y padres alentar las reflexiones personales sobre las formas de actuación, para que el estudiante pueda relacionar actuaciones y evidencias en un entramado metacognitivo que reoriente el curso subsiguiente de su experiencia. Es ahí, donde el docente, profesional pedagógico y anagnógico debe aportar a los estudiantes modelos (de actuación), discursos (argumentos) y espacios de reflexión y diálogo en torno a la mejora del desempeño. Esto ayuda a que los estudiantes puedan desarrollar habilidades de autorregulación y a tomar el control de su propio proceso de aprendizaje. La retroalimentación es una parte vital del aprendizaje. Su preeminencia en la gramática escolar reconecta la fantasía de viajar al pasado con la realidad de los estudiantes quienes pueden tener la oportunidad de mejorar su desempeño, a partir de involucrarse en su propio proceso de aprendizaje. Los educadores debemos prestar mucha atención a la retroalimentación (y a las diferentes estrategias para promoverla en el aula) lo que permite proporcionar a sus estudiantes y asegurarse de que sea útil para alcanzar el logro del aprendizaje esperado Referencias Hattie, J., & Timperley, H. (2007). The Power of Feedback. Review of Educational Research , 77 (1), 81–112







